Por sus frutos…

 


La aproximación multidisciplinar que requiere la gestión, la conservación y la salvaguarda del Patrimonio Cultural, conformado por obras de arte, monumentos, arquitecturas entre ellas la vernácula, el patrimonio industrial, tecnológico, infraestructuras públicas, paisajes culturales, paisajes urbanos e itinerarios culturales, etc., debe ser asumida como una obligación ética, en virtud de la honradez y mucho más, a la que un profesional idealmente debería llegar, en el culmen de su carrera profesional.

Esta suerte de encuentro pacífico no controvertido que se tendría que dar en los claustros peritos, resulta posible en la medida en tanto en cuanto, cada experto se despoje de su yo o mejor expresado, de su ego, para que solo entonces pueda ser capaz encontrar idoneidad en el criterio o la capacidad del otro. Esta variedad de dimensiones que implica la Conservación de los Patrimonios Culturales, trasciende la lectura parcial y subjetiva, para desembocar en una mirada plural cuya intención sea la recuperación de la memoria histórica de una sociedad, traspasando al entorno, considerando que, pueden formar parte también otros pueblos o ciudades cuya vinculación es histórica, la misma que, fortalecida en sistemas de vida tradicionales, en los que se puede compartir además, patrimonios inmateriales que podrían ser casi idénticos, se consiga un objetivo efectivo y general.

El diálogo que en sí es intercultural, debe ser salvaguardado como vital, pues de él dependen muchas aristas que se deriven en el futuro, sean estas positivas o negativas. Nuestra Cultura Ecuatoriana, enriquecida por la multiplicidad de etnias minoritarias, difícil de conciliar en un nacionalismo representativo, peor a ser reconocido a nivel mundial, no solo está a merced de una homogeneización cada vez más agresiva, sino también es afectada por una creciente cultura que rebasa el ámbito académico, formas de comportamiento en las que el experto que tuvo la oportunidad de salir del país a especializarse, regresa con estudios, con poca o casi nada de experiencia, pero con una especie de pedestal que carga bajo sus pies, al que los otros deben rendir la pleitesía “merecida”. Pero esto no es ni actual ni casual, a nuestra generación ya nos tocó enfrentar esta forma grotesca de proceder de la experticia consagrada y eterna y de ahí la frase “vacas sagradas”, por esta razón, aquí estamos, obligadas a una suerte ostracismo dirigido, dedicado y claro, especialmente si se trata de mujeres que demuestren criterio y conocimiento. No vaya a ser que ocultemos su visibilidad.

Cierto es que, no somos perfectos, que cada quién arrastra su sombra, pero a la vuelta de los años cuando se tienen los pies sobre la tierra, lo que se busca es la paz y una forma de vivir consciente de nuestras diferencias, pero mucho más de los valores que otros profesionales podrían tener y nos resistimos a aceptar. En esta suerte de vía crucis por amar y dedicar una vida a una profesión como es la del Patrimonio Cultural, se nos viene a la memoria esto de “pueblo chico, infierno grande”, desde el mismo día de nuestra graduación, en el que el “experto del momento”, con calculadora en mano, hizo cuentas para restarnos dos décimas de la calificación, con tal de que no accedamos a la medalla universitaria, en cambio sí otorgar a quienes por delante le colmaban de lisonjas y por detrás todo lo contrario. Entonces nació en nuestro entorno local, la pseudo experticia conveniente y sumisa.

Imposible lograr una forma de identidad compartida que tenga relación con lo personal o espiritual, a pesar de que en lo cultural pueda darse y en ocasiones por la utilidad especialmente económica. La diversidad de matices que se dan, requiere de una personalidad con una cultura amplísima, una visión con características especiales a las que pocos pueden acceder. Por tanto, vemos frutos con hechos concretos, por los cuales podemos conocer al ser humano integral, o lo que es lo mismo decir: “Por sus frutos los conoceréis” Mt.7,16. En lo Patrimonial en ocasiones sacralizado y otras lo inverso, surgen estos desencuentros que devienen en perjuicios difíciles de predecir en un momento inicial.  Localmente y casi en general, como resultados de una versión no formal, sea verbal o escrita, pero con la intención subyacente de perjudicar a los otros, y claro, el daño colateral puede resultar irreversible, como plumas al viento, imposibles de recoger. La imagen que queda del experto, colmada de peculiaridades será por lo tanto el fruto más visible de su trayectoria. Pues como se dice por ahí, “no se puede ser un buen profesional, sin ser una buena persona”.

Son tantas las ocasiones que nos han permitido comprobar lo antedicho, que ciertamente se necesitaría un libro para contar. Ya en nuestra etapa de los Estudios Culturales, nos pudimos dar cuenta que existía una línea que marcaba el paso de los maestros de la mayoría de clases, se trataba de una forma de adoctrinamiento basado en estudios de expertos extranjeros que se trataban de implantar en Latinoamérica, ante los cuales teníamos que sustentar todas nuestras reflexiones y lecturas (Entiéndase marxismo cultural). Tenemos el caso de los términos de moda en aquel tiempo, la “deconstrucción”, la descolonialización forzosa en cualquier ámbito, ya podemos imaginarnos cómo sería intentar descolonizar el inmenso patrimonio religioso que tiene el Ecuador, o las construcciones vernáculas. Lo cierto es que, la intención era borrar la historia a como dé lugar, para implantar lo que las corrientes contemporáneas dictaban y que hoy vemos los resultados. Ay de quien se resistía a estos conceptos “creados fuera”,  y el riesgo del consabido cero.

Regresando al tema de esta suerte de violencias simbólicas que se dan en los ámbitos de la Conservación del Patrimonio Cultural, en este mundo digital, donde la inmediatez, el ghosting, son acciones obligatorias del diario vivir, sentarnos a escuchar o leer un texto como éste, seguro resultará complicado, pero si no reflexionamos en que debemos bajarnos de la locura del presente, a conducirnos en un camino de comprensión más profunda y enriquecedora para conseguir una visión más vasta, jamás conseguiremos buenos frutos. Quizá nos anclemos en un pasado idealizado que alimenta mucho más el ego, cuando el hoy se nos va entre los dedos. De cualquier manera, resulta paradójico que por un lado se exija empatía, resiliencia y por otro, se clave un puñal por la espalda.

El Patrimonio Cultural, requiere de un intercambio de pensamientos, reflexiones y la mediación, similar a la que tienen los maestros de escuela primaria, la que se tiene cuando hay una vocación de limar las asperezas y entender las diferencias. Este desensimismamiento (no creo que exista esa palabra, pero cabe), requiere de una apertura hacia las ideas de los demás, una especie de generosidad auditiva, el saber qué hay detrás de cada profesional y su recorrido por la vida, su preparación, su experiencia dejando de un lado las verdades establecidas en Europa, o en cualquier otro lugar que no sea el propio país.

Como hemos dicho y muy lejos de la victimización o falsas modestias, que de por sí resultan insoportables, hace unos meses nos tocó la suerte de ser blanco de un acto intencional, horrible, deplorable, totalmente abyecto -según la definición de la RAE-, hecho que recién lo estamos procesando. Alguien a quien considerábamos que, estaba fuera de esas prácticas, pretendió desprestigiar o acabar con una carrera profesional, paralizar un proyecto, denigrar un trabajo que para el noventa y nueve por ciento de los involucrados era sobresaliente, el motivo, realmente lo desconocemos, el personaje había confundido la labor de asesor con la de director y barrió con nuestra humanidad. Allí mismo caímos de sopetón en la cuenta que, el individuo tenía un egocentrismo oportunamente camuflado, una especie de xenofilia que va más allá de lo soportable, que por un lado lucha por apreciar lo propio, pero no deja de insertar su acervo ajeno con un envanecimiento bien disimulado. En fin, lo cierto es que este asunto devino en un perjuicio impredecible, el ambiente de trabajo se tornó extraño, el respeto y la consideración que el equipo había logrado se fue por los suelos, la duda que sembró, dañó el panorama y los procesos hasta de orden económico, que hasta hoy no se resuelven. 

Así no más.

Monika López Avilés

26-07-2025

Foto P. Mercado. 

 

 

 

 


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